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Herpes ocular: cómo afecta córnea iris cristalino y retina

4 oct
5 min de lectura

Un brote de herpes no siempre se queda en la piel o en el labio. Algunos virus de la familia herpes pueden afectar al ojo y causar desde molestias leves hasta problemas visuales graves si no se tratan a tiempo.


Cuando se habla de herpes ocular, casi siempre se piensa en la córnea, la capa transparente que cubre la parte anterior del ojo. Pero la infección o la inflamación relacionada con el virus también puede afectar al iris, alterar la presión intraocular, complicar el cristalino y, en casos menos frecuentes pero más serios, dañar la retina.


Este artículo es informativo y no sustituye una valoración médica. Ante dolor ocular, visión borrosa, sensibilidad intensa a la luz o un ojo rojo que no mejora, conviene consultar con tu oftalmólogo de confianza.


Close-up view of an eye with mild redness and watery surface
El herpes ocular puede empezar con síntomas parecidos a otras irritaciones del ojo.

El herpes puede afectar varias capas del ojo


Los virus más implicados son el virus del herpes simple, sobre todo tipo 1, y el virus varicela zóster, el mismo relacionado con la varicela y el herpes zóster. Ambos pueden permanecer latentes en los nervios y reactivarse tiempo después.


El ojo tiene varias estructuras delicadas. La afectación puede ser superficial, como una lesión en la córnea, o más profunda, como una inflamación dentro del ojo. Por eso los síntomas no siempre son iguales.


Algunas señales frecuentes son:


  • Ojo rojo.

  • Dolor o sensación de arenilla.

  • Lagrimeo.

  • Visión borrosa.

  • Fotofobia, que es molestia intensa con la luz.

  • Sensación de cuerpo extraño.

  • Ampollas o lesiones en la piel cercana al ojo, más típicas del herpes zóster.


La clave está en no asumir que todo ojo rojo es conjuntivitis. El tratamiento cambia mucho según la capa afectada.


Cuando el herpes afecta a la córnea


La córnea es una de las zonas más habituales de afectación. Como es transparente y participa en el enfoque de la imagen, cualquier lesión puede alterar la visión.


En la superficie corneal pueden aparecer lesiones características llamadas dendríticas. Tienen forma ramificada, como pequeñas ramas de un árbol, y suelen verse con tinciones especiales durante la exploración oftalmológica. Si la lesión crece, puede convertirse en una úlcera más amplia, a veces llamada geográfica.


Los síntomas más comunes son:


  • Dolor o escozor.

  • Sensación de arenilla.

  • Lagrimeo constante.

  • Ojo rojo.

  • Visión borrosa.

  • Molestia con la luz.


El herpes también puede afectar capas más profundas de la córnea. En esos casos no siempre domina la úlcera superficial. Puede aparecer queratitis estromal, edema corneal o inflamación del endotelio, que es la capa interna de la córnea. Esto puede causar visión nublada, halos alrededor de las luces y pérdida de transparencia.


Un dato importante es que el herpes puede reducir la sensibilidad corneal. Eso significa que una lesión seria puede doler menos de lo esperado. Por eso la revisión con lámpara de hendidura es tan útil.


Macro view of a transparent cornea model showing a branching lesion
Las lesiones corneales por herpes pueden tener un patrón ramificado.

Cuando el iris se inflama y la presión cambia


El iris es la parte coloreada del ojo. Está dentro del segmento anterior y regula el tamaño de la pupila. Cuando el herpes desencadena inflamación en esta zona, puede aparecer iridociclitis o uveítis anterior.


Esta inflamación puede causar dolor profundo, enrojecimiento alrededor de la córnea, pupila irregular o más pequeña, visión borrosa y fotofobia. A veces el ojo duele más al mirar luces intensas o al enfocar de cerca.


La inflamación del iris no solo molesta. También puede producir adherencias entre el iris y el cristalino, llamadas sinequias. Si se forman, pueden alterar el movimiento normal de la pupila y complicar la circulación del humor acuoso, el líquido interno del ojo.


Aquí entra un aspecto clave: la presión intraocular.


En el herpes, la presión puede subir por varios motivos:


  • Inflamación de la malla trabecular, la zona por donde drena el humor acuoso.

  • Restos inflamatorios que dificultan la salida del líquido.

  • Cierre parcial del ángulo por cambios inflamatorios.

  • Respuesta a corticoides, si se usan y el ojo es sensible a ellos.


También puede bajar en algunos cuadros inflamatorios intensos, aunque lo más conocido en herpes es la uveítis con presión elevada. Una presión alta mantenida puede dañar el nervio óptico, de forma parecida al glaucoma. Por eso el control de la presión forma parte esencial del seguimiento.


El cristalino puede sufrir complicaciones indirectas


El cristalino es la lente natural del ojo. Se encuentra detrás del iris y ayuda a enfocar las imágenes en la retina. El herpes no suele “infectar” el cristalino de la misma forma que puede afectar la córnea, pero sí puede verse perjudicado por las consecuencias de la inflamación.


Las complicaciones más relevantes son visuales. Una inflamación repetida o mal controlada puede favorecer opacidades en el cristalino, conocidas como catarata. También algunos tratamientos necesarios, como los corticoides usados bajo control médico, pueden aumentar el riesgo de catarata si se emplean durante periodos prolongados.


Cuando el cristalino pierde transparencia, la visión se vuelve más borrosa. Pueden aparecer deslumbramientos, peor visión nocturna o sensación de mirar a través de una niebla. Si además existe inflamación activa en el iris o presión intraocular elevada, el manejo se vuelve más delicado.


Esto no significa que toda persona con herpes en el ojo vaya a desarrollar cataratas. Significa que el cristalino debe vigilarse, sobre todo si hay brotes repetidos, uveítis o tratamientos largos.


Eye-level view of an anatomical eye model with the iris and lens visible
La inflamación del segmento anterior puede afectar al iris y al cristalino.

Cuando el herpes llega a la retina


La retina es la capa nerviosa que tapiza el fondo del ojo. Recibe la luz y la convierte en señales que viajan al cerebro. Cuando el herpes afecta la retina, el riesgo visual es mayor.


Aunque es menos frecuente que la queratitis herpética, puede producir cuadros graves como retinitis herpética o necrosis retiniana aguda. En personas con defensas muy bajas pueden aparecer formas especialmente agresivas.


Los síntomas que deben alertar son:


  • Pérdida brusca o progresiva de visión.

  • Manchas oscuras en el campo visual.

  • Moscas volantes nuevas y abundantes.

  • Destellos de luz.

  • Dolor ocular asociado a inflamación.


La retina inflamada puede dañarse de forma permanente. También puede haber vasculitis, hemorragias, inflamación del vítreo y riesgo de desprendimiento de retina. Cuando se afecta la mácula, que es la zona central de visión fina, leer, reconocer caras o conducir puede volverse difícil.


En estos casos, el tiempo cuenta. El diagnóstico temprano y el tratamiento antiviral adecuado pueden marcar una gran diferencia en el pronóstico visual.


Wide-angle view of a retinal examination model with highlighted back of the eye
La afectación de la retina requiere atención rápida por el riesgo de pérdida visual.

Qué conviene recordar sobre el herpes en el ojo


El herpes puede afectar al ojo en distintos niveles. En la córnea, causa lesiones superficiales o inflamación profunda que nubla la visión. En el iris, puede provocar uveítis, dolor, fotofobia y cambios en la pupila. En el cristalino, las complicaciones suelen ser indirectas, como catarata asociada a inflamación repetida o tratamientos prolongados. En la retina, aunque es menos común, el daño puede ser grave y amenazar la visión.


La presión intraocular merece atención especial. Puede subir por inflamación o por respuesta a ciertos tratamientos, y si se mantiene elevada puede dañar el nervio óptico.


La mejor medida es no automedicarse, sobre todo con colirios corticoides sin indicación médica. Un ojo rojo con dolor, visión borrosa o sensibilidad a la luz necesita una valoración adecuada. Detectar pronto la capa afectada ayuda a proteger lo más importante: la visión.


 
 
 

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