Trustpilot
top of page
Buscar

Ortho K: Una Solución para la Miopía

22 sept
7 min de lectura

Actualizado: 8 oct

Qué son las Ortho K y cómo funcionan


Las Ortho K son lentes de contacto rígidas permeables al gas. No se usan durante el día, sino mientras se duerme. Su diseño ejerce una presión suave y controlada sobre la superficie de la córnea, que es la capa transparente situada en la parte frontal del ojo.


Durante la noche, la lente modifica de forma temporal la curvatura corneal. Al aplanar ligeramente la zona central de la córnea, la luz enfoca mejor sobre la retina. Por eso, al quitar la lente por la mañana, muchas personas ven mejor de lejos durante varias horas.


Este efecto no es permanente. Si se dejan de usar, la córnea tiende a recuperar poco a poco su forma previa y la graduación vuelve. Por eso se consideran un método reversible de corrección óptica, no una cirugía.


En la práctica, las Ortho K tienen dos objetivos posibles:


  • Corregir la visión durante el día

La persona puede pasar muchas horas sin gafas ni lentes de contacto diurnas.


  • Intentar frenar la progresión de la miopía

En niños y adolescentes, se busca reducir el estímulo que favorece el crecimiento excesivo del ojo.


El segundo punto es el más debatido. La teoría es que, al cambiar cómo se enfoca la luz en la retina periférica, las Ortho K podrían reducir señales asociadas al aumento de la miopía. Algunos estudios han observado menor crecimiento axial en usuarios de ortoqueratología frente a gafas convencionales. El problema es que la calidad de esa evidencia no siempre es sólida.


También conviene separar dos ideas que a menudo se mezclan. Ver mejor durante el día no significa necesariamente que la miopía se haya detenido. Una cosa es la corrección visual temporal y otra muy distinta es controlar el crecimiento del ojo.


Por qué se usan para la miopía infantil


La miopía suele aparecer en edad escolar y puede progresar durante años. En muchos casos aumenta con rapidez entre la infancia y la adolescencia. Por eso, cada vez se habla más de “control de miopía”, no solo de poner gafas más fuertes cada cierto tiempo.


Las Ortho K resultan atractivas por varias razones:


  • Permiten hacer deporte sin gafas durante el día.

  • Evitan el uso de lentillas diurnas en clase o actividades.

  • Pueden ofrecer buena visión sin corrección visible.

  • Son reversibles, a diferencia de una cirugía.

  • Algunas familias las perciben como una forma activa de controlar la progresión.


Aun así, no son una opción sencilla. Requieren adaptación personalizada, revisiones frecuentes y mucha disciplina. La lente debe encajar con precisión sobre la córnea. Si no lo hace, puede provocar visión irregular, halos, molestias o lesiones superficiales.


También influye la edad. En niños, el uso correcto depende en gran parte de la supervisión familiar. Lavarse bien las manos, limpiar las lentes cada día, no usarlas con dolor o enrojecimiento y acudir a revisión no son detalles menores. Son parte central de la seguridad del tratamiento.


Vista a nivel de los ojos de un adolescente guardando unas lentes de contacto junto a un lavabo limpio
La seguridad depende tanto del diseño de la lente como de la rutina diaria.

Qué dice la evidencia y qué aporta la revisión Cochrane


Las revisiones sistemáticas Cochrane suelen considerarse una referencia porque analizan de forma rigurosa los estudios disponibles. No se quedan con un ensayo aislado, sino que revisan la calidad del conjunto de la evidencia, los sesgos posibles y la confianza que podemos tener en los resultados.


En el caso del control de la miopía, Cochrane ha comparado distintas intervenciones usadas en niños y adolescentes, incluidas gotas de atropina, lentes de contacto blandas multifocales o de doble foco, gafas especiales para control miópico y ortoqueratología.


La conclusión general es clara: no todas las opciones tienen el mismo nivel de evidencia.


La atropina, sobre todo en concentraciones usadas específicamente para control de miopía, cuenta con una base de investigación amplia. Las lentes de contacto blandas diseñadas para desenfoque miópico y algunas gafas especiales también muestran resultados prometedores en estudios clínicos.


Con las Ortho K, la revisión Cochrane señala un problema importante: la evidencia disponible es de baja o muy baja certeza en varios desenlaces. Esto no significa que no funcionen nunca. Significa que los estudios tienen limitaciones que hacen más difícil saber con precisión cuánto ayudan, en quiénes ayudan más y qué ocurre a largo plazo.


Entre esas limitaciones suelen aparecer:


  • Tamaños de muestra pequeños.

  • Seguimientos relativamente cortos.

  • Diferencias entre diseños de lentes.

  • Riesgo de sesgo en algunos estudios.

  • Dificultad para comparar resultados entre investigaciones.

  • Falta de datos sólidos sobre seguridad a largo plazo.


La pregunta no es solo si una opción reduce la graduación durante un tiempo, sino si frena de forma segura el crecimiento axial del ojo con evidencia suficiente.

Esta distinción explica por qué algunos profesionales son prudentes. Una intervención puede parecer convincente en la consulta o en experiencias individuales, pero las guías clínicas necesitan datos comparables, consistentes y de buena calidad.


Alternativas efectivas para controlar o corregir la miopía


Hablar de alternativas exige diferenciar dos objetivos. Uno es frenar la progresión de la miopía durante la infancia y adolescencia. Otro es corregir la graduación existente para ver mejor. No todos los tratamientos sirven para ambas cosas.



Las gafas de control miópico no son las gafas normales de toda la vida. Incorporan diseños ópticos que buscan crear una señal de desenfoque en la retina periférica para reducir la progresión. Algunas tecnologías de este tipo cuentan con ensayos clínicos favorables, aunque no todas las lentes comerciales tienen el mismo respaldo.


Las lentes de contacto blandas de doble foco o multifocales también se usan para control de miopía. A diferencia de las Ortho K, se colocan durante el día y se retiran por la noche. Algunas están diseñadas específicamente para niños con miopía progresiva. Su ventaja es que no modifican la forma de la córnea mientras se duerme, aunque siguen exigiendo higiene y adaptación.


La atropina en baja concentración es otra herramienta frecuente. Se aplica en gotas, normalmente por la noche, y puede reducir la velocidad de progresión en muchos niños. No corrige la visión, por lo que suele combinarse con gafas o lentes. Puede producir molestias como sensibilidad a la luz o dificultad para enfocar de cerca, según la dosis y la respuesta individual.


Los tratamientos láser, como LASIK, PRK o SMILE, pertenecen a otra categoría. Corrigen la miopía remodelando la córnea, pero están pensados para adultos con graduación estable y ojos adecuados para cirugía. No se consideran tratamientos para detener la miopía en niños. Si el ojo sigue creciendo, la graduación puede volver a cambiar después.


Vista superior de unas gafas infantiles y un frasco de colirio sobre una mesa de madera clara
El control de la miopía puede combinar varias estrategias según el caso.

Por qué algunos oftalmólogos no recomiendan Ortho K


Que un oftalmólogo no recomiende Ortho K no significa que desconozca la técnica. Muchas veces significa que valora que, para ese paciente concreto, los riesgos o las incertidumbres pesan más que los beneficios esperados.


La primera razón es la seguridad corneal. Dormir con lentes de contacto aumenta el riesgo de complicaciones frente al uso diurno. La más preocupante es la queratitis microbiana, una infección de la córnea que puede ser grave si no se trata rápido. Es poco frecuente, pero tiene suficiente importancia como para tomarla en serio.


También pueden aparecer:


  • Erosiones o tinciones corneales.

  • Inflamación.

  • Ojo rojo persistente.

  • Sequedad o molestias.

  • Visión con halos o fluctuaciones.

  • Mala tolerancia nocturna.

  • Cambios corneales no deseados si la lente no está bien centrada.


La segunda razón es la exigencia del mantenimiento. Las Ortho K no perdonan una mala higiene. Dormir con una lente sucia, aclararla con agua del grifo, reutilizar soluciones de limpieza o seguir usándola con dolor aumenta el riesgo de problemas.


La tercera razón es que no todos los ojos son buenos candidatos. La córnea debe tener una forma adecuada. También importan la cantidad de miopía, el astigmatismo, la salud de la superficie ocular y la capacidad de acudir a controles.


La cuarta razón es la evidencia. Si existen alternativas con mejor respaldo para un caso concreto, algunos oftalmólogos prefieren empezar por ellas. La revisión Cochrane refuerza esa prudencia al señalar que la certeza de la evidencia para Ortho K es pobre en comparación con otras intervenciones.


Por último, está el coste y la carga de seguimiento. Las Ortho K suelen requerir más visitas iniciales, pruebas de topografía corneal, recambios y controles. Para algunas familias encaja bien. Para otras, puede ser difícil de sostener.


Cómo tomar una decisión informada


La mejor elección no sale de una moda ni de una promesa. Sale de medir el riesgo de progresión, revisar la salud ocular y comparar opciones con datos claros.


Antes de elegir Ortho K o cualquier otra estrategia, conviene preguntar:


  • Cuánto está progresando la miopía al año.

  • Si se ha medido la longitud axial del ojo.

  • Qué alternativas tienen más evidencia para ese caso.

  • Qué riesgos concretos existen.

  • Cada cuánto habrá revisiones.

  • Qué signos obligan a retirar las lentes y consultar.

  • Qué ocurrirá si el tratamiento no funciona o no se tolera.


También ayuda observar hábitos diarios. Pasar más tiempo al aire libre se asocia con menor riesgo de aparición de miopía en niños. Reducir periodos prolongados de visión cercana sin descansos puede formar parte del cuidado general, aunque por sí solo no sustituye a un tratamiento cuando la miopía progresa rápido.


Vista amplia de una niña leyendo cerca de una ventana con gafas apoyadas a su lado
Los hábitos visuales y el seguimiento médico también forman parte del cuidado de la miopía.

Las Ortho K pueden ser útiles para algunas personas, sobre todo cuando se busca buena visión diurna sin gafas y se acepta una rutina estricta. Pero no son la opción más sencilla ni la que cuenta con la evidencia más fuerte para todos los casos de miopía progresiva.


El mensaje práctico es este: la miopía debe tratarse como un proceso que se controla, no solo como una graduación que se cambia. Las decisiones deben basarse en la edad, la velocidad de progresión, la longitud axial, la salud corneal, la capacidad de cumplir el tratamiento y la calidad de la evidencia disponible. Y siempre con seguimiento profesional.


Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de un oftalmólogo u optometrista especializado en control de miopía. Si la miopía aumenta cada año, lo más prudente es pedir una evaluación completa y comparar opciones antes de decidir.


Referencia

Lawrenson JG, Huntjens B, Virgili G, Ng S, Dhakal R, Downie LE, Verkicharla PK, Kernohan A, Li T, Walline JJ. Interventions for myopia control in children: a living systematic review and network meta‐analysis. Cochrane Database of Systematic Reviews 2025, Issue 2. Art. No.: CD014758. DOI: 10.1002/14651858.CD014758.pub3.

 
 
 

Comentarios


bottom of page
Trustpilot